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Hay días en los que no sabemos qué decir ni qué hacer. Intentamos estar cerca estando lejos y, por mucho que nuestros pensamientos estén con quienes queremos, no lo estamos físicamente y eso nos duele.
Un abrazo, una caricia, un beso, una mirada... nos ayudarían a demostrar todo lo que llevamos dentro pero la distancia juega en contra nuestra y tenemos que conformarnos con una llamada, unos mensajes y esas palabras que agradecen nuestra preocupación y nos dicen que están bien.
Hoy siento algo parecido y quería aprovechar este pequeño rinconcito para decir que estoy aquí, estamos aquí (me consta que son muchos los que en este momento sienten algo parecido).
Si algo me he aprendido los últimos años es que la vida se compone de recuerdos, los que creamos y los que crean para nosotros. Recuerdos que, cuando menos esperamos, vuelven y nos acercan a quien ya no está.
Hay veces que, como si de una niña caprichosa se tratara, la vida decide que ya hemos disfrutado de demasiados recuerdos y nos los arrebata pero, por mucho que eso suceda, seguimos siendo una fuente de recuerdos hasta el final de nuestros días.
Sin darnos cuenta, desde que nacemos transformamos, componemos, la vida de quienes nos quieren y aprecian. Tanto que llegará el día en el que ya no estemos físicamente, pero sin embargo siempre habrá alguien que nos mantenga vivos en sus recuerdos. Y digo siempre porque todos dejamos nuestra huella, todos. Qué huella dejemos en nuestras manos está.
Como dice Antonio Machado:
"Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar"
Me consta que hoy se ha ido una persona que ha dejado una gran huella. A ti, que me estás leyendo, si te preguntas el porqué, la respuesta es sencilla: quería hacer algo y éste ha sido el resultado.
¡Un abrazo enorme!
