
Hoy, por medio de una buena amiga, me ha llegado un artículo de elmundo.es que quiero comentaros. Como siempre, os recomiendo que lo leáis, pero os recalcaré algunos puntos:
"La mejor herramienta del médico es la silla...", decía el ilustre médico Gregorio Marañón. "Para escuchar al paciente". Sin embargo, no parece suficiente. Sólo en el 25% de los casos, los oncólogos muestran empatía ante la angustia del afectado. Ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Duke, de Pittsburgh y de Texas (EEUU) presenta un programa digital con el que estos especialistas pueden aprender a manejar los miedos y las preocupaciones de quienes están afrontando un tumor avanzado."
"Este tipo de pacientes siente una enorme angustia y ansiedad y, además de sufrir considerables síntomas físicos, a menudo se encuentran deprimidos", explican los científicos en su artículo, publicado en 'Annals of Internal Medicine'."
Como dice la psicooncóloga Carmen Yélamos "Es cierto que este tipo de pacientes le pone al médico en una situación difícil. Está formado para curar y, sin embargo, le faltan recursos para lograrlo", "Temen hacer preguntas por miedo a sufrir, a abrir la caja de pandora y no saber cómo manejarla".
Los cursos para desarrollar las habilidades de comunicación suelen ser caros, sobre todo en los EEUU, donde pueden llegar a costar 2000 euros. La novedad que aporta el equipo de Tulsky es haber "desarrollado un programa interactivo y menos costoso (unos 100 dólares) ... el médico puede intervenir en las conversaciones planteadas, ante las emociones negativas del paciente, de forma que obtiene feedback y así comprueba si puede seguir mejorando."
De tal manera que dada la importancia de una buena comunicación médico-paciente, especialmente en el caso de los pacientes oncológicos, cualquier método que facilite nuestra formación como oncólogos en ese aspecto es bienvenido y éste que mencionan en el artículo tiene buena pinta.
Como dice Yélamos " un paciente que se siente escuchado y mantiene conversaciones abiertas con su médico, seguirá todas sus recomendaciones y se sentirá satisfecho y tranquilo con la atención recibida. Además, esto también repercute en beneficio del médico, que se sentirá también más complacido con su trabajo". Al fin y al cabo, "deben caminar juntos".
Mirad si es importante, o si lo considero importante, que en este blog ya he hablado varias veces sobre ello:
Hoy vuelvo a hacerlo y esta vez quiero acabar con una experiencia personal y una pregunta:
El lunes despedí a un paciente que terminaba el tratamiento y al hacerlo viví una situación bastante difícil, de esas en las que una no sabe cómo reaccionar, qué decir, ni hasta qué punto implicarse....
Se trata de un paciente diagnosticado de un cáncer de pulmón que se despedía totalmente emocionado por el trato recibido durante el tratamiento por técnicos, enfermeras, secretarias, médicos... Al hablarme se le iban encharcando los ojos. Yo no sabía qué decir más que que me alegraba de que se hubiera sentido arropado durante el tratamiento y que le vería pronto. Él estaba tan sensible que si llego a dejar que mis emociones me dominaran los 3 llorando (él, su mujer y yo).
¿Y por qué llorar cuando acaba de terminar el tratamiento? Porque es un caso complicado, de difícil solución por haberse diagnosticado tarde (como lamentablemente sucede con muchos cánceres de pulmón). Tanto él como su mujer conocen el diagnóstico, el estado de la enfermedad y lo duro que es el tratamiento, pero él en ningún momento ha perdido la esperanza. El tratamiento con quimioterapia y radioterapia están consiguiendo una ligera respuesta y él está dispuesto a agotar todos los cartuchos que haya, sea como sea, si con eso consigue curarse. Es decir, mientras haya respuesta, seguirá luchando y teniendo esa esperanza.
Cuando me hablaba, no paraba de decirme lo mucho que agradecía las palabras amables, las sonrisas y buenas caras que había tenido durante todo nuestro tratamiento. Que hacía poco con su padre, en otro hospital, había recibido un trato bastante peor y ahora que veía ésto no podía menos que estar agradecido. Él mismo me recalcaba lo importante que son estas cosas para los pacientes y lo mucho que les ayudan a sobrellevar tratamientos tan duros.
Al mencionarme lo de "Yo, doctora, con tal de curarme hago lo que sea" Yo sentí que se me caía el alma a los pies. Su mujer, sentada a su lado, nos miraba, me miraba con esa mirada que expresaba el deseo de así fuera mientras intentaba mantener los pies en la tierra por el miedo al qué pasará después...
Recalcada por el propio paciente la importancia de un buen trato, unas palabras amables... mi pregunta es: ¿pensáis que debería haberle puesto los pies en la tierra resaltando lo difícil que es que se cure? ¿Cortar su esperanza así, de golpe y porrazo?
Yo creo que no, no lo hice porque no sentí que fuera a conseguir nada positivo ni bueno haciéndolo. Él conoce su enfermedad, sabe dónde está, sabe que el tratamiento es complicado y tiene razones más que de sobra para saber que todavía le queda mucha enfermedad (una adenopatía cervical de unos 10 cm se lo recuerda todos los días). Soy de las que piensa que si quisiera que se lo dijera me preguntaría por el pronóstico, las expectativas... y nunca lo ha hecho ni dejado entrever con sus palabras. ¿Vosotros cómo lo véis?
"Para saber hablar es preciso saber escuchar."
Plutarco
