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domingo, 1 de marzo de 2015

La proctitis rádica y su manejo


El recto es el principal órgano de riesgo en las irradiaciones de los tumores pélvicos (ginecológicos y genitourinarios, caso aparte sería cuando está dentro del volumen blanco en el cáncer de recto).

A la hora de valorar el riesgo a desarrollar toxicidad se comporta de una forma mixta:
  • En dosis altas (mayores o iguales a 70 Gy) se comporta como un órgano en serie siendo importante el volumen absoluto que las recibe. 
  • En dosis intermedias (40-60 Gy) se comporta como un órgano en paralelo importando en este caso el porcentaje de volumen irradiado.
En general, los límites de dosis en el QUANTEC son:


Tipos: 

1.- Toxicidad Aguda: Se produce durante el tratamiento y hasta 3 meses desde su inicio. Generalmente aparece a partir de la tercera semana de radioterapia y se resuelve de 4 a 6 semanas después de haber finalizado la misma. Clínicamente puede caracterizarse por aumento de los movimientos intestinales, normalmente con aumento de la frecuencia de las deposiciones (aunque también puede darse lo contrario), diarrea, mucosidad, urgencia o tenesmo rectal (sensación de que tienes que ir al baño teniendo el intestino vacío, por lo que acabas expulsando aire o algo de mucosidad) y rectorragias (sangrados rectales que suelen ser en escasa cuantía y autolimitados, normalmente los ves al limpiarte o a modo de algún hilillo de sangre en las heces).
** Recalcar que subrayo lo de puede porque, aunque en líneas generales a veces se produce una alteración del ritmo gastrointestinal, no tiene por qué darse y, gracias a las nuevas técnicas, inmovilizaciones..., cada vez se lleva mejor**

2.- Toxicidad Tardía: Cuando aparece (si es que se da, por lo mismo que os acabo de decir) suele hacerlo de meses a años después de haber finalizado el tratamiento radioterápico, en la mayoría de las series publicadas el tiempo medio de aparición es de 12 meses, apareciendo casi todos los casos en los 2 primeros años. Clínicamente puede caracterizarse por:
  • Proctopatía crónica: Con tenesmo o urgencia rectal, dolor abdominal (normalemente tipo retortijón previo a las deposiciones o tipo quemazón en el momento de ir al baño), mucosidad y sangrado. Suele predominar el sangrado, si bien también puede que se caracterice por la urgencia, el tenesmo rectal, el aumento de la frecuencia de las deposiciones y la diarrea. Debe sospecharse en pacientes con estos síntomas después de la radioterapia pélvica. El diagnóstico puede confirmarse mediante colonoscopia, observando una mucosa rectal pálida, friable y con telangiectasias. La biopsia no está indicada pero nos permite excluir otras causas como puede ser una infección o una enfermedad inflamatoria intestinal. En caso de síntomas obstructivos, o si se sospecha la existencia de fístula, está indicada la realización de un enema opaco. Si se sospecha una recidiva tumoral puede valorarse la realización de un TAC o una RMN.
  • Fístula rectal: Más frecuente en pacientes con cáncer de cérvix que han recibido braquiterapia vaginal además de radioterapia externa, pero actualmente con las nuevas técnicas es excepcional.
  • Ulceraciones y telangiectasias: Si existe ulceración el principal síntoma será el dolor exacerbado con la defecación. 
  • Disfunción del esfínter anal que provoca incontinencia: Estudios fisiológicos en pacientes con proctitis crónica han demostrado disminución de la distensión y de la capacidad rectal. La manometría anal puede mostrar disminución de la presión máxima, anomalías del reflejo recto anal, y disminución de la función del esfínter, sin embargo, estas alteraciones son excepcionales en pacientes que han recibido dosis moderadas (45 - 50 Gy) a la zona anorrectal (dosis más frecuente exceptuando el caso de la próstata donde se está disminuyendo muchísimo la toxicidad rectal gracias a las nuevas técnicas como la IMRT, IGRT, BTHDR como boost para escalada de dosis...)
Tratamiento:

Muchas veces se resuelve de forma espontánea y, si bien no hay un tratamiento estandarizado, aquí os diré cómo puede manejarse.

1.- Toxicidad Aguda (ver también: La Radioterapia Pélvica):
  • Diarrea: Normalmente con dieta astringente, hidratación abundante y, en casos de diarreas con más de 4-5 deposiciones/día medicación con antidiarreicos (ej: Loperamida).
  • Estreñimiento: Dieta, hidratación, a veces medicación como pueden ser los laxantes.
  • Tenesmo rectal: tan frecuente y, a mi modo de verlo, de tan difícil manejo. Quizá la mejor forma sea a través de la dieta, si bien muchas veces hay que sobrellevarlo.
  • En todos los casos, los probióticos (sobre los cuales recomiendo esta entrada en Radiation Nation: Four Reasons to Consider probiotics with Radiation Therapy) pueden ayudar a regular el ritmo gastrointestinal y favorecer un mejor cumplimiento del tratamiento (ej: Vitanatur Simbiotics).
2- Toxicidad Crónica (que es la que, cuando se caracteriza por sangrado, originó esta entrada):
  • Como primer paso suelen prescribirse enemas: De esteroides  (ej: Proctosteroid, Entocord); de sucralfato (20 ml de una solución al 10 % 1-2 veces/día; para hacerlo se diluyen 2 gr de sucralfato (Urbal) en 20 ml de agua destilada) o de mesalazina (ej: Claversal espuma rectal) durante 2 semanas. Si se obtiene mejoría puede continuarse durante varias semanas más.
  • El metronidazol (Flagyl) por vía oral, añadido al tratamiento antiiflamatorio puede ser de ayuda.
  • Si el sangrado rectal es persistente puede intentarse el tratamiento con oxígeno hiperbárico o con una interconsulta al digestivo para la aplicación directa de formalina al 4% (bajo anestesia general o sedación).
  • Las telangiectasias sangrantes pueden destruirse con láser (Nd-YAG o Argón) o con otros procedimientos de coagulación (electrocoagulación, termocoagulación, argón plasma) que también pueden tener buenos resultados.
  • Si se desarrollan estenosis (estrechamientos), serán necesarias las dilataciones. 
Para terminar una pequeña reflexión final: Puede que con esta entrada haya alguno que piense que la radioterapia es malísima y, si puede provocar alguno de esos efectos secundarios, mejor no darla. Pero todos los tratamientos tienen sus posibles efectos secundarios (no tenéis más que leeros el prospecto de cualquier medicamento que tengáis en casa) y no hay peor efecto secundario que el propio tumor. Ese que puede acabar con la vida no sin antes provocar obstrucciones, sangrados, dolores... Así que, qué queréis que os diga, si a los años de haber recibido la radioterapia, esa que te ha curado (o ha contribuido de forma importante a tu curación) llega a aparecer uno de estos problemas, pues a tratarlo y "pa'lante", que estás vivo y eso sólo es un pequeño bache. 

Además, como ya os he comentado anteriormente, gracias a las nuevas técnicas cada vez son menores estos efectos secundarios a la radioterapia en altas dosis y en un futuro estoy convencida de que, si ahora es poco frecuente verlos, será algo excepcional. Pero, como a veces ocurren, mi intención es que esta entrada pueda serviros de guía rápida si en algún momento os encontráis con algún caso en pacientes tratados hace años con radioterapia a nivel pélvico. 


PD: Para hacer esta entrada he empleado como guías: "Guía de tratamientos de soporte en Oncología Radioterápica" Coordinada por Ana Mañas y Alejandro de la Torre y "Guía Terapéutica de Soporte en Oncología Radioterápica" Coordinada por Luis Alberto Pérez Romasanta y Felipe A. Calvo Manuel

lunes, 26 de mayo de 2014

No todo son buenos momentos




Hace unos días viví una situación que no recomiendo a nadie y ojalá no os veáis nunca en una "encerrona" de ese tipo... Rodeada por todos los especialistas de la Plataforma de Oncología de mi hospital, me encontré con que se había invitado a hablar a un paciente a quien, muy a mi pesar (ésto lo entenderéis cuando hayáis leído la entrada entera), había tratado yo, para de los especialistas de la plataforma supieran cómo no debe informarse a los pacientes y cómo no deben hacerse las cosas. En resumen, para ponerme en evidencia (bueno, no sólo tuvo para mí sino en general para todo el servicio de radioterapia de mi hospital, porque, ya puestos, ¿por qué vamos a dejar sin criticar a alguien?)

A él le llamaré por sus inciales, W.L., porque, si bien confieso que me encantaría ponerle su nombre entero, por si algún día le da por buscarse en internet se encontrara con todo lo que he sentido por su... dejémoslo en causa, no creo que sea lo correcto y todavía tengo un poco de corazón y respeto, cosa que a día de hoy dudo que él tenga.

Para poneros en situación, se trata de un paciente de más de 80 años al que, por años y años de vela y sol en la cabeza sin gorra ni crema protectora, le aparecieron dos lesiones tumorales a nivel del cuero cabelludo (carcinomas escamosos). Cuando quiso acudir a consulta cada una tenía más de 2 - 3 cms y su resección completa y curativa se planteaba complicada (por la necesidad de un injerto cutáneo y  la alta probabilidad de dejar un margen afecto que hiciera que precisara radioterapia postoperatoria con lo mal que puede sentar la misma a los injertos... ), por lo que se le ofreció tratamiento con radioterapia radical y ahí es donde aparecí yo. No suelo ver a los pacientes de compañía o privados 100% pero por no estar quien suele encargarse de ellos se me llamó a mí. 

Cuando subí me encontré a un paciente en apariencia simpático, con mucho humor (que luego comprendí no era un humor del sano, sino más bien del irónico en el que te tiran la piedra y esconden la mano como si no hubiera pasado nada) y pensé: "Qué bien, es muy majo y seguro que nos llevaremos bien" Uf y ahora os puedo decir que estaba muy equivocada.

Todo empezó bien, con el tratamiento local previsto... pero a los pocos días refirió la aparición de un pequeño nódulo preauricular que no me gustó nada... Mientras seguía tratando las lesiones del cuero cabelludo se hizo un estudio de extensión que confirmó metástasis ganglionares cervicales (y encima bilaterales!). La mayor parte eran ganglios en el límite alto de la normalidad (entorno al cm) pero ahí estaban y había que tratar todos... Y así lo hice, le añadí el drenaje cervical correspondiente y, además, arriba decidieron sumarle quimioterapia. 

Como imaginaréis cuando pasó todo ésto hablé con W.L. y su mujer, les expliqué que cambiaba el campo de radioterapia que ahora era mayor, conllevando más efectos secundarios como la alteración del gusto, la xerostomía, alteración piel del cuello, además de quizás problemas de audición a la larga, trismus, dificultad para la deglución... En fin, todo. W.L. firmó el nuevo consentimiento informado y pensé que, aunque ahora lo llevaría algo peor, lo superaría sin muchas complicaciones/incidencias (como los pacientes que se tratan el cuello, aunque algo mejor que los que tienen un campo mucho mayor al suyo ya que él no precisaba un campo tan grande. Si los que lo tienen mucho mayor que él, con más dosis, lo superan, ¿cómo no iba a superarlo él?). Pero nada más lejos de la realidad... y no porque lo llevara muy mal sino por la actitud que tuvo conmigo desde entonces y es que él NUNCA CONFIÓ EN MI, NUNCA.

Nosotros, en radioterapia, hacemos una pequeña sesión interna donde presentamos los casos nuevos y decimos la dosis que vamos a dar, las razones por tratarlo de una u otra manera y, si hay algo con lo que los demás médicos no están de acuerdo, nos lo decimos, argumentamos las distintas opiniones y, si lo consideramos oportuno y necesario, lo cambiamos. Con WL, de inicio, le expliqué que el número de sesiones en las lesiones del cuero cabelludo podían ser 22 - 24 y en esa sesión se decidió que, si no llevaba mal la piel, serían 24. Llegó el día de decidir si se sumaban o no, le vi que, si bien tenía una dermitis G2-3, aguantaba dos días más y como todavía tenía una zona con restos del carcinoma escamoso "agarrado" que no me gustaba, decidí darle esos dos días más... Se lo expliqué pero se ve que no me escuchó porque "arriba" ,es decir, en oncología médica, le habían dicho que ya tenía que haber acabado hace días... Cosa que no sé si es cierta y, si lo es, ¡¿cómo pueden decir éso si no saben lo planificado de forma inicial?!... (en fin... creo que W.L. contaba sus historias y de ahí lo que luego le decían otros médicos). A él no le gustó nada que le añadiera esas sesiones, puso el grito en el cielo, aún habiéndole explicado todo varias veces, cuando terminó subió arriba de nuevo a quejarse y ponerme de vuelta y media. Allí le vio mi compañera (era lunes por la mañana y yo no estaba pero ,aunque hubiera estado, no me hubieran llamado a mí ya que él en cuanto empezó a ponerme a parir por mi ignorancia y el no saber lo que hago no quería verme más que lo justo y eso era en las revisiones de máquinas que hago los miércoles por la mañana y porque iba yo detrás... ), les explicó todo nuevamente, las razones, los posibles efectos secundarios y demás (así que a falta de un médico informando tenía dos...) y confié que ya se diera por enterado y todo lo llevara bien. 

En cuanto a la primera parte del tratamiento que acabó, la de la piel, he de deciros que ésta, con la radioterapia, puede ser un tanto "traicionera" en el sentido de que muchas veces se pone peor en el fin de semana de descanso después de haber finalizado el tratamiento... y así fue en su caso, una vez terminado su tratamiento se puso peor y requirió curas diarias semanas hasta que ya se recuperó del todo... pero sin resto de enfermedad y os aseguro que no fue por las dos últimas sesiones "extras".

Hecho este pequeño anexo sobre la piel, he de continuar contándoos mi situación ante este caso. Lo pasé muy mal, me sentí fatal por su actitud para conmigo, por no querer verme, no querer explicarme a mí sus quejas... ¿Creéis que yo no hubiera dejado que lo llevara mi compañera? ¡Claro que sí! Pero menudo regalo envenenado para ella... y sobre todo cuando ya estaba todo planificado y no se iba a cambiar nada más. Al ver que él tampoco me pidió un cambio ni nada, sino que se conformaba con pasarme por alto y quejarse de mí a mis espaldas, pues me lo tragué todo, lo pasé fatal (confieso que me ha hecho sentir un cero a la izquierda y ha conseguido que llore de impotencia en varias ocasiones ) y asumí que si quería que le vieran arriba y con la otra doctora pues vale... que así fuera. Fueron tantas las veces que le pedí que me dijera lo que le pasara, que se quejara arriba pero delante mía, por favor, que una también es humana y lo estaba pasando mal, (nunca había vivido una situación similar con ningún paciente...) Pero él me respondía con su "humor envenenado" quitándole hierro al asunto y saliendo de la consulta corriendo. 

En fin, nunca pudo conmigo y por ende yo tampoco pude con él. Eso sí, cuando le tenía que ver sacaba la mejor de mis sonrisas porque la educación no iba a perderla. Me enteré de que también se quejó arriba porque todo le sabía mal y sólo podía comer comida de caballo (sí, de caballo, como leéis)... ahí ya fueron muchos los que se dieron cuenta de que bien bien no está... pero es tan hipócrita que a veces se tarda en descubrir cómo es realmente. Le dieron batidos, le dí batidos. Cuando vi que eran las últimas semanas y tenía dificultad para tragar le puse corticoides iv, le ajusté el tratamiento, hablé con los médicos de arriba para que, si durante el fin de semana veía que no podía tragar nada, fuera al hospital y le pusieran otra dosis de corticoides iv... Hice todo lo que buenamente pude pero para él siempre estuvo mal... La última semana de tratamiento lo único que hizo fue preguntarme si para navidad podría comer algo (para eso quedaban unas semanas - mes...) y le dije que confiaba que sí que pudiera tragar algo. Ya iba tomando sus batidos sin ayuda de los corticoides (finalmente sólo los necesitó un par de días puntuales) y por eso pensé que podía ir tomando algo más (mi tratamiento apenas tocaba el esófago, la cavidad oral, para lo que tienen otros, estaba bastante bien... y esperaba que poco a poco y con un poco de voluntad, como digo yo, a poquitos, fuera comiendo más). Eso sí, no podía prometerle nada sobre los sabores, alterados no sólo por la xerostomía de la radioterapia, sino también por la quimioterapia... lo normal es que se recuperen poco a poco una vez finalizado el tratamiento, pero cambian, cosa que también le había dicho (y alguien al que le gusta la comida de caballo... pues no sé, no son los sabores comunes, no?!). Desde entonces no volví a verle hasta el jueves pasado en esa situación que os comento arriba.

Vino a decirnos que han pasado más de 6 meses y sigue sin comer más que batidos y cosas blandas, que no tiene apetito y no come otra cosa porque le sabe mal y no le gusta, que tiene la boca seca precisando una botellita de agua siempre a mano... (y sí, eso sabía que pasaría, pero también he de deciros que en lo que aguantaba buenas parrafadas de más de 5 minutos sin probar el agua y eso, si estás realmente seco, no puedes hacerlo sin que se te empaste la boca). Recalcó que algo habíamos hecho mal para que él estuviera así: o la máquina había fallado, o la planificación estaba mal... y la lección principal era que los médicos no podemos prometer cosas que luego no van a cumplirse. Que tanto yo como mi compañera le habíamos prometido que en navidad ya comería bien y no era así. Así que yo no pude evitar contestar diciéndole que yo no le había prometido nada, entre otras cosas porque como médico no puedo prometer nada a nadie, no soy adivina y menos para temas de salud. Puedo decir lo que espero, en lo que confío... pero no asegurar ni prometer. Entonces su médico principal me echó una mano y aseguró que la doctora no promete nada, que si acaso es él quien promete pero no yo.

Dos días después de mi cumpleaños, este regalo me sentó estupendamente... sigo sin entender su obsesión con darme lecciones y la manera en la que me las da... es decir, su obsesión por dejarme mal siempre. Para que veáis, las historias de la Dra. Malos Pelos y Carpe Diem no siempre son buenas, hay gente que no aguanta a esta doctora y hace lo que puede por hundirla.

Creo que al verme joven y mujer... en fin, siempre pensó cual señor de 80 años tradicional, machista... que no podía tener ni idea de nada y que había tenido mala suerte al caer en mis manos. Lo siento de veras, porque nunca fue mi intención que tuviera que pasar por todo esto por mi culpa, ojalá no hubiera sido su médico en ningún momento... pero hay cosas que no se pueden elegir y cuando él pudo, es decir en el momento que me vio aparecer por la puerta en la consulta de arriba, no lo hizo. Ahora se empeña en aleccionarme y... no sé qué deciros, ¿he aprendido algo?... Quizás sí... que ante otro paciente igual le pido a otro compañero que lo lleve, que no quiero que el paciente sufra por mi culpa.

Señor W.L., si llegas a este blog y me lees, lo siento, pero doy gracias porque haya acabado y se encuentre libre de enfermedad a día de hoy, ojalá recupere poco a poco los sabores y pueda olvidar todo ésto, eso sí, permítame recomendarle un cambio de actitud. Por mi parte, si me lo permite, quiero cerrar el peor episodio que, hasta día de hoy,  he vivido en mi vida como médico.



domingo, 12 de enero de 2014

La neblina mental de la quimioterapia



Este año quiero que sea un buen año para Carpe Diem con actualizaciones más frecuentes y para conseguirlo habrá entradas como la de hoy, sencillas para mí, pero creo que interesantes. Se trata de aquellas basadas en noticias como esta de elmundo.es  que me ha llegado esta mañana gracias a un buen amigo:

"Si le preguntan por los efectos secundarios de la quimioterapia, seguro que el primero que se le viene a la cabeza es la caída del cabello. Pero las secuelas de los fármacos oncológicos no se limitan a eso, y quizás los menos conocidos de todos ellos tienen que ver con las alteraciones cognitivas que sufren los pacientes, y que pueden aparecer incluso años después del tratamiento.

Despistes, pérdidas de memoria y de atención, dificultades en el lenguaje... las secuelas cognitivas de la quimioterapia no son unas desconocidas en las consultas de Oncología, pero sólo recientemente se han podido demostrar objetivamente mediante estudios de imagen cerebral (la quimioterapia provoca cambios físicos en algunas estructuras cerebrales, como una reducción en la densidad de la materia blanca observada en mujeres supervivientes a un cáncer de mama) y diversos análisis y test psicológicos. Hasta ahora, como admiten algunos oncólogos, esta neblina cerebral se atribuía a la propia confusión del paciente por el diagnóstico, a su edad, a la cirugía o incluso a las secuelas de la menopausia precoz inducida por algunos medicamentos."

Esos problemas mentales derivados de la quimioterapia suelen ser, continúa la doctora Blasco, muy sutiles al principio, pero más llamativos conforme pasa el tiempo. 

La doctora Blasco, especialista del comité de cuidados continuos de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), admite que no se conoce el mecanismo exacto por el que la quimioterapia provoca esta especie de neblina mental (al fin y al cabo la mayoría de estos fármacos no atraviesa la barrera que protege el cerebro). "Probablemente existe una causa inflamatoria, una alteración de las citoquinas que afecta a la sustancia blanca, pero hoy por hoy no conocemos la fisiopatología exacta de este fenómeno".

El problema del llamado chemo brain es que varía mucho de unos pacientes a otros y existen numerosos factores alrededor de un paciente oncológico que pueden confundir sobre el verdadero origen de esos despistes .

De momento, como admite la especialista española, lo único que se puede hacer frente a este problema es tratar de detectarlo cuando antes, comentarlo con el oncólogo en cuanto empiecen a notarse las primeras lagunas o dificultades de concentración y poner a trabajar el cerebro con algún tipo de ejercicios mentales; "una especie de fisioterapia del cerebro".

En el artículo también mencionan que se ha descrito en pacientes con cáncer de mama tratadas sólo con radioterapia y que es más acentuado en las pacientes tratadas con quimioterapia y radioterapia. A ésto, desde mi posición como radioterapeuta, diría que la principal causa o, mejor dicho, donde es más frecuente, es en las pacientes tratadas con quimioterapia. La radioterapia tiene un efecto local y cuando de verdad se tienen más secuelas cognitivas originadas por la misma es cuando ésta se da a nivel holocraneal. De hecho, gracias a las nuevas técnicas más conformadas, se está reduciendo la dosis a nivel del hipocampo para disminuir las alteraciones de la memoria que origina, pero eso ya lo trataré con calma en otra entrada. Así que: Continuará... 



lunes, 22 de julio de 2013

No me entra nada, todo lo echo... ¿qué puedo hacer?



Cuando estamos revueltos, nauseosos, no nos apetece comer y si eso es algo que pasa tras cada ciclo de quimioterapia o sesión de radioterapia nos encontramos con que cada vez pesamos menos, tenemos menos fuerzas y, en resumidas cuentas, estamos más débiles para aguantar los tratamientos necesarios para superar el cáncer.

Con frecuencia los pacientes me preguntan en la consulta qué pueden hacer para encontrarse mejor, si existe algún hábito alimenticio, algún "truco", además de los medicamentos (hay muchos antieméticos, con distintos mecanismos de acción), que puedan ayudarles. Por eso hoy, siguiendo con las entradas dedicadas a los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos, os hablaré sobre las náuseas y vómitos tan comunes y, a veces, tan difíciles de controlar. 

Como en otras ocasiones, ayudándome de la página del NCI y el enlace de GEPAC, os pondré lo que considero más útil para su manejo de forma no farmacológica. Algunos coinciden con los de las alteraciones del gusto, con el sabor metálico tan característico con algunas quimioterapias.  

1. Realiza 6 comidas ligeras al día en un ambiente tranquilo, con aroma suave, con la ventana abierta para que se ventile la habitación y entre aire fresco. Sírvete la comida en pequeñas cantidades, en plato de postre y mastica muy despacio. Lo de comer varias veces al día porciones pequeñas es algo que siempre se aconseja en estos tratamientos que causan el malestar y la pérdida de apetito. Como te entra poco es lógico que comas menos cada vez pero más veces al día. En cuanto a lo del plato de postre, no lo dije en la otra ocasión, pero así vemos el plato más lleno y quizás nos anime esa sensación de realización tras ver que te has terminado un plato lleno. Comer en una sala ventilada, agradable, también es importante en estos casos donde hay que evitar todo olor o ambiente que te provoque malestar, náuseas...

2. Lávate los dientes y emplea un colutorio bucal sin alcohol tras el vómito. En general enjuagarse antes y después de cada comida es algo útil en este tipo de tratamientos.

3. Chupa polo o rodajas de fruta, caramelos de menta o limón para calmar el estómago y evitar regustos desagradables en la boca, que puedan causarte más náuseas o malestar tras las comidas. 

4. Bebe a pequeños sorbos cola, caldos, infusiones de manzanilla, menta, anís, azahar, hierba luisa o jengibre y bebidas bicarbonatadas como suero oral.

5. Reposa, sentado o reclinado, sin  llegar a tumbarte, durante 30 minutos - 1 hora tras la ingesta para favorecer una buena digestión, y evitar el reflujjo gastroesofágico. 

6. Potencia los alimentos de fácil digestión, con textura blanda, sabor suave y de preparación sencilla como el yogur, queso fresco, flan, natillas, cuajadas, sorbete de frutas, helado, gelatina, tostadas, galletas, bocadillos, tortilla francesa o huevo duro, pollo, pasta, patata cocida o en puré. También se aconseja comer alimentos secos como galletas o tostadas.

7. Evita la mezcla de texturas, los alimentos muy fríos o muy calientes, beber agua sin acompañarla de alimentos, la leche entera, los alimentos ácidos o picantes, los alimentos con olores fuertes y penetrantes, con aderezos o de difícil digestión, como fritos, pepino, cebolla, ajo, pimiento, coles y repollo. En general, evita las comidas pesadas de difícil digestión.

8. Evita la ropa que te oprima el estómago. Si no tienes apetito, estás revuelto y, encima llevas ropa ajustada, que te oprime el abdomen ¿cómo vas a pretender comer más o tener menos náuseas?

Para mayor información podéis consultar el sumario del PDQ  de la NCI sobre Náuseas y vómitos.