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lunes, 7 de noviembre de 2011

Escuchar, escribir, sonreír


No sé si mis experiencias e impresiones aportarán o ayudarán algo, pero las comparto porque, aunque muchas veces no lo consiga, a mí vuestras opiniones me ayudan mucho. Gracias a vosotros no paro de aprender así que sólo puedo añadir que espero no cansaros.

El otro día de nuevo una paciente me hizo pensar en la necesidad que tienen muchos de nuestros pacientes de que les escuchemos, les dediquemos un poco de nuestro tiempo, seamos agradables y les regalemos alguna que otra sonrisa. Como escribí hace unos meses  "Sonreír y reír facilita las cosas".

Que de un día para otro te diagnostiquen un cáncer es duro, no es fácil asumirlo y de hecho casi no se tiene tiempo para hacerlo. Todo va deprisa, el tiempo vuela y, sin darse apenas cuenta, uno se encuentra metido en pleno tratamiento. Un tratamiento complicado, fuerte, que muchas veces conlleva una cirugía seguida de quimio-radio y luego más quimioterapia...

Ante esta situación hay varias reacciones posibles, con distintas fases que no voy a mencionar porque seguramente no lo haría tan bien como un psicólogo, psicooncólogo  o psiquiatra, pero creo que sí  que puedo aportar algo por lo que viví con mi paciente.

Para poneros un poco en situación, se trata de una mujer joven, casada, con hijos pequeños a la que hace apenas 4 meses la diagnosticaron un cáncer. Y en ese tiempo ya la habían diagnosticado, operado y  dado unos ciclos de quimioterapia adyuvante (postoperatoria).

Lo está pasando muy mal desde el diagnóstico y no puede quitarse de la cabeza el miedo a no curarse, el miedo a morir. Estábamos en una revisión rutinaria de las que hacemos semanalmente a los pacientes que se encuentran en tratamiento y, después de decirme que se encontraba bien, no tenía ningún efecto secundario (dolor, náuseas, vómitos...) ésto fue lo que pasó:

Paciente (con los ojos encharcados a punto de la lágrima y su acompañante mirándome sin saber qué decir): - "Teresa, estoy muy desanimada"

Yo (sin saber bien qué decir, pero sabiendo que ella necesitaba hablar) - "Normal... es un tratamiento duro" (..., pequeño silencio) . "¿Sabes que hay personas que pueden ayudarte? Los psicólogos, psicooncólogos pueden escucharte y darte consejos que te ayuden a llevarlo todo mejor"

Paciente: - "Sí, lo sé, ya he ido a un par".

Yo: - "¿Un par?, ¿y qué tal?"

Paciente: - "Uno me quiso ayudar y me puso el ejemplo de otro paciente. Pero ese paciente había muerto y... no me ayudó mucho. No volví a ir. El otro, mejor, me dijo que todos los días dedicara una media hora a escribir todos los pensamientos negativos que tuviera y después de eso no me permitiera tener más pensamientos negativos"

Yo: - "¿Y qué tal te ha ido haciendo éso?"

Paciente: -"Pues, el primer día muy bien, pero no tengo media hora todos los días, me cuesta ponerme todos a hacer esa lista y claro... lo hice un par de días más y ya no lo hago"

Yo: - "Vaya..." (entonces, al hablarme de las listas, me vinieron a la cabeza Rut y sus consejos cada vez que he estado más desanimada. Me sentí como Goofy



y la dije lo siguiente: "No soy psicóloga, no sé tanto como ellos sobre ésto, pero en alguna ocasión me han animado a hacer listas con cosas buenas mías, cosas que aporto... Las listas con lo negativo de cada día para eliminarlo y no pensar más en ello pueden ir bien, pero, es cierto que cuando algo requiere que se haga todos los días puede costar más. ¿Te parece si haces una lista con todo lo bueno que tienes y aportas?. Con que la hagas una vez y la leas cuando te sientas peor basta (al menos para empezar). Y te diría que la hicieras acompañada (y miré a su acompañante, que asintió con la mirada). A veces una siente que no tiene más que dos cosas buenas, positivas, y resulta que los que nos quieren están a nuestro lado recordándonos todo lo bueno que ven ellos en nosotras. No sé si te ayudará, pero sólo te supondrá media hora y no pierdes nada por intentarlo. ¡Te asombrarás con lo larga que es esa lista!" 

Paciente: -"Vale, lo intentaré, muchas gracias Teresa. Puede que vaya bien"

Yo:-"La semana que viene me dices qué tal, a  ver si conseguimos que estés un poco mejor"

Así que nos despedimos y ahora yo me pregunto: "¿Le servirá de algo la lista?; "¿La hará?"  No lo sé, hasta el viernes que viene no tendré la respuesta, pero si algo he aprendido es que el tiempo que dedicamos para hablar con nuestros pacientes, para que ellos se desahoguen, nunca está demás y, de hecho, puede ser mucho más terapéutico que cualquier radioterapia, quimioterapia...

Además, ¿no creéis que en estas ocasiones hay que reforzar lo positivo?. No soy experta, no, y puede que me esté equivocando, pero pienso que eliminar, bloquear, lo malo está bien, pero recalcar lo bueno está mejor, ¿no?

Si os animáis a darme vuestra opinión, bienvenida será, si no... al menos yo ya lo he plasmado en el blog y nunca lo olvidaré.

Para terminar con una sonrisa, ésa que es la mejor que cualquier medicina: 

"Blues Brothers - Think (Aretha Franklin)"



"Oír es precioso para el que escucha."
Proverbio Egipcio

viernes, 24 de junio de 2011

La importancia de una buena lista


Hoy quería escribir una entrada sencilla de algo de lo que seguramente se ha hablado en muchas ocasiones pero que últimamente no paro de recordar a mis pacientes que es: 

"Cuando vayáis a una primera consulta con un médico, llevad siempre encima una lista con todos los medicamentos que tomáis."

Ahora que cada vez esta todo más informatizado no paro de escuchar lo de: "Pero no viene ahí?!" (señalando el ordenador)

Es entonces cuando muchas veces les digo: "No, no está todo lo que toman" o "No está actualizado desde..."

Algunos me miran extrañados pensando: "Tanta informática y luego no tienen todo lo que tomo?; Si ya se lo dije al médico que me vio el otro día!..." En parte les entiendo, pero, informatizado o no, la medicación es algo que en algunos casos cambia con frecuencia, sobre todo si se trata de fármacos para los dolores (cosa bastante frecuente en una especialidad como la mía).

Es importante que el "tratamiento habitual" conste en la historia clínica y se vaya actualizando en cada visita (cambios no sólo de medicamentos, sino también de dosis). ¿Por qué? Porque si no sabemos qué toman, más de un paciente y más de dos acaban llevándose dos medicamentos iguales pero en distintas presentaciones y... en fin... Bueno, bueno no es, e incluso puede ser malo... 
Están los que dicen: "¡Tomo esa roja y pequeñita!" (está clarísimo!!!) y claro, ojalá supiera cuál es gracias a esa descripción.... pero ¡No! Es más, a veces acabamos suponiendo de más y... mal, mejor que nos dejemos de adivinaciones que podemos equivocarnos y con estas cosas no se juega. 

Así que, esta entrada es para pediros que siempre que vayáis al médico llevéis una buena lista con los medicamentos que tomáis, si son 2 y los sabéis no hace falta pero si no es así, o si váis acompañando a vuestros padres, tíos, abuelos... y toman varias cosas, acordaros de que los lleven bien apuntados. ¡¡¡Se agradece tanto!!! Y os aseguro que así todo va  mucho mejor.

En mi caso llevo un par de días en los que un paciente con dolor me dice que toma algo que no recuerda pero que no le funciona y... en fin, ¡no sé que darle! Paso al interrogatorio con todos los que recuerdo por ver si alguno le suena pero... a veces ni con esas y ... ¿qué hago? Acabo mandándole algo que creo que no toma y puede irle bien y le recalco la importancia de que el próximo día me traiga todo apuntado para dejarlo en la historia. 

Cada vez está todo más informatizado, ahora podemos ver lo que se le ha puesto en el último ingreso o en la útima consulta con sólo un click en el ordenador pero... lo dicho, los medicamentos cambian, a veces esos informes que tenemos en el ordenador no están actualizados, la memoria falla (y más con los nervios asociados a la visita al médico), y no, a día de hoy no somos adivinos. Os aseguro que todo va mucho mejor y más rápido cuando la tenemos a mano. ¡Gracias!