Mostrando entradas con la etiqueta reflexión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reflexión. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de noviembre de 2014

De lo inespecífico a lo determinante


Desde hace una semana quiero escribir sobre eso, lo inespecífico y cómo puede llegar a jugarnos una mala pasada en cuanto a oncología se refiere. 

Sé que el cáncer no es la patología más frecuente en la que hemos de pensar cuando nos pasa algo, por poneros algunos ejemplos:

  • Si tengo malas digestiones y siempre que estoy nerviosa se me cierra el estómago no voy a creer que tengo un cáncer gástrico, más bien pensaré que tengo una gastritis, reflujo gastroesofágico, que soy delicada para ciertas comidas, que tengo infección por H. Pylori o que simplemente mi estómago es más delicado que el de los demás.
  • Si me mareo un día cualquiera no creeré que tengo algo en la cabeza sino que me ha dado una bajada de tensión.
  • Si voy al baño de manera irregular, me hincho más cuando como y a veces mancho un poco cuando hago deposición no pensaré que tengo un cáncer colorrectal sino que tengo alguna hemorroide interna que hace que sangra de cuando en cuando y puede que tenga pólipos, divertículos o intolerancia a ciertos alimentos (etc...)

Y por eso, porque hay síntomas que son muy inespecíficos que o pasamos por alto o cuando los consultamos los quitan importancia y nos tranquilizan sin necesidad de pruebas complementarias porque lo más común es que no sea nada maligno, hay veces que nos llevamos sustos.  

Ahora no sé qué pensar, ¿mejor consultar por todo y hacernos pruebas siempre?. Sinceramente no creo que sea la solución, entre otras cosas porque en la mayor parte de las ocasiones será algo bueno que no habría necesitado nada. Pero, ¿qué pasa cuándo te encuentras entre los que, de esos síntomas inespecíficos a los que se les quitaba importancia, al final tienes un cáncer? Y sí, lo escribo tal y como se llama, con todas sus letras porque es lo que es y la rabia cuando llega el diagnóstico te lleva al: "Decían que no era nada y tengo cáncer".

No voy a hacerme hipocondríaca de la noche a la mañana ya que, trabajando en lo que trabajo, me supondría vivir en un sinvivir, pero confieso que me da rabia que sea una enfermedad tan cab...a que a veces se presente de la forma más inespecífica. Eso sí, si un paciente consulta por algo varias veces, por mucho que no parezca nada serio, hacedle caso, seguramente haya algo detrás.

Para terminar os dejo la entrada en Avances en Gestión Clínica que muestra el lado opuesto a lo que acabo de deciros hablando de lo estigmatizado que puede llegar a quedar quien ha tenido cáncer y las consecuencias que esto puede tener:


En definitiva, creo que Horacio está lleno de razón:


Pero, ¿cómo saber dónde se encuentra ese punto medio?



domingo, 13 de abril de 2014

Cuando llega el momento de detener el tratamiento



La semana pasada tuve la suerte de vivir mi primer congreso europeo, mi primer ESTRO, ¡nada menos que en Viena! y he vuelto encantada con la experiencia vivida, tanto que en mi cabeza está hacer un buen resumen en Carpe Diem (o al menos intentarlo) y, si bien prometo que en breve me pondré con él, hoy no es el día. En esta ocasión, aprovechando que hace poco más de una semana os hablé de la radioterapia paliativa y de la importancia de hablar con los pacientes antes de decir que sí a todos los tratamientos, hoy quiero compartir con vosotros este artículo Jordi Varela en Avances en Gestión Clínica que para mí es una gran reflexión:


Como dice nada más empezar: "Un oxímoron es una figura retórica que consiste en poner de lado figuras de sentido opuesto. En este caso: quimioterapia y atención paliativa."

Y es que, "según datos norteamericanos, se sabe que entre un 20 y un 50% de los pacientes con cáncer avanzado reciben quimioterapia 30 días antes de morir" (¡en el último mes! y, más aún, diría que bastantes mueren con la quimioterapia o puesta o recién puesta. Cifras impresionantes pero que no me extrañan viendo lo que veo en mi día a día...)

Varela nos enlaza los resultados de un "trabajo llevado a cabo por el profesor Wright de la Harvard Medical School con 386 pacientes con cáncer avanzado que tuvieron entre todos una media de 4 meses de vida después de haber entrado en el estudio. Entre ellos, los que recibieron quimioterapia en los últimos meses de vida tuvieron más posibilidades de recibir, al final de su vida, actuaciones clínicas inapropiadas como resucitación cardíaca o ventilación mecánica, o de terminar sus días en una unidad de cuidados intensivos". (Porque, si eres el médico al que se le para el paciente que está en tratamiento actual con quimioterapia activa y no conoces el caso, las esperanzas reales de ese tratamiento que está recibiendo... ¿¿¿cómo no vas empezar a hacer la RCP??? ¡¡¡Tiene la quimioterapia puesta!!! y no tienes tiempo de revisar toda la historia antes de tomar esa decisión de si reanimar o no reanimar. Por eso siempre se ha de poner en el evolutivo del paciente terminal o, al que llegado el caso no se le han de hacer maniobras invasivas, lo de "Si PCR no RCP". Ya que eso significará que su médico, aunque esté intentando mejorar la esperanza de vida del paciente con una última línea de quimioterapia que cree puede llegar a hacer algo..., ha hablado con el paciente y con su familia y saben que, si no funciona y algo va mal será el fin y no se alargará la agonía de todos con un ingreso en UCI, intubado, con un tratamiento de soporte avanzado)

"La American Society for Clinical Oncology (ASCO) cree que la desaparición de la quimioterapia paliativa sería una auténtica "Triple Aim​​": más calidad de vida para los pacientes, menos efectos indeseados y menos costes. Aunque la gran dificultad de este asunto radica en decidir cuándo ha llegado el momento de detener el tratamiento" (Cuántas veces no habré hablado aquí de la importancia de dedicar tiempo a hablar con el paciente y su familia, explicar detenidamente los pros y los contras de los tratamientos, los posibles logros así como sus efectos secundarios que pueden no sólo no mejorar la calidad de la vida que le quede si no incluso empeorarla...)

"La Dra. Prigerson afirma que, llegados a previsiones de vida inferiores a 6 meses, los oncólogos son los que deberían saber plantear las cosas con claridad. En este punto debe haber un momento clave para planear el final, atendiendo a las peculiaridades de cada persona, pero sin medias verdades ni puertas semiabiertas hacia la nada. Hay que dejarle claro al paciente que en el final de vida, la atención paliativa, en contraposición a la quimioterapia, aporta confort; y hablar abiertamente del lugar donde se prefiere pasar los últimos días, facilita muchas decisiones que ocurrirán en el transcurso del proceso clínico." (Si se hablaran las cosas con más tiempo, se ahorrarían tantos sobretratamientos, tantas toxicidades, ingresos... pero, a día de hoy, ¿¿¿creéis que estamos cerca de conseguir algo así??? Yo creo que no, porque supone sentarse con el paciente y con su familia, con su marido, su mujer, su hijo, su madre... ese familiar que no asume que ha llegado el final y que si no le ofreces esa quimioterapia que tiene una mínima posibilidad de alargarle la vida que le queda, pensará que le "has dejado morir"... Los pacientes, llegados a este punto, suelen ser los que mejor saben lo que hay y, si se meten en esos tratamientos es por quienes quieren y dejarán cuando se vayan... )

El resumen final de Jordi Varela lo deja todo muy claro: "en un proceso avanzado de cáncer hay que hacer una evaluación continua de la eficacia de la quimioterapia y, llegados a pronósticos inferiores a los 6 meses, se debe plantear la "conversación" que dará el viraje oportuno hacia la atención paliativa y, por tanto, hacia un proceso de final de vida proporcionado a las necesidades del paciente"

A lo que yo añado: No es tan fácil esa conversación y, como oncóloga radioterápica que en ocasiones he de decir que no a un tratamiento, os aseguro que me cuesta mucho más que poner el tratamiento. Hemos llegado a un punto donde aconsejar no seguir con el tratamiento oncológico activo nos hace sentir mal... porque ¿y si resulta que en ese paciente estaba dentro de ese mínimo porcentaje al que puede que le ayudara a vivir algo más, con buena calidad de vida? Si somos realistas la mejoría de la calidad de vida y el tiempo que le queda puede que sea mínima y, sólo por no estar con el tratamiento cada semana, dos semanas, 21 días... merecerá la pena no hacerlo pero...


miércoles, 18 de julio de 2012

El paciente, el tiempo, el todo y la parte



Esta mañana he vivido algo que, a pesar de ser mucho más común de lo que debiera ser, no lo tenemos tan presente como deberíamos. 

Como médico especialista me encuentro con que son muchas las veces que me centro en "mi parte" del paciente y confío en que de lo demás se encargue el "director", que no es otro que el médico de familia (MAP). Él es quien mejor conoce el "todo". Sabe de su diabetes, su tensión, su esguince de tobillo, sus operaciones... y hace las derivaciones al especialista cuando es necesario. Pero, ¿acaso creéis que puede estar en todo? Por si tenéis alguna duda os respondo: No. Y no puede, entre otras cosas, porque carece de tiempo para atender a sus pacientes como debería. Pero ésa no es la única razón, no todos los pacientes acuden a su médico de cabecera cuando tienen un problema (la vía de ir al hospital de urgencias para irte con tu placa, tu analítica e incluso, tu RMN que tienes citada ¡en más de un mes!, se sigue usando demasiado). 

Además, y aquí viene la parte que me toca, cuando un paciente llega al hospital para estudio de algo como  un cáncer, puede suceder que el papel del MAP quede relegado a un segundo plano por el especialista, por el paciente, o por ambos, y pierda parte de su seguimiento hasta que todo se resuelva o estabilice. Muchas veces no es así y están al tanto de todo el proceso pero, volvemos a la primera razón, la falta de tiempo hace que confíen más en nosotros los especialistas en ese período.

Normalmente  las cosas se hacen bien y estamos pendientes de todo, o casi todo. Además de encargarnos de nuestro tratamiento y las pruebas que necesitamos, hacemos las derivaciones/interconsultas a otros especialistas cuando lo consideramos necesario o les remitimos al propio MAP para que controle alguna de sus patologías de base mejor que nosotros. Pero cuando ese enemigo llamado tiempo también juega en contra nuestra, nos encontramos viendo a nuestros pacientes con prisa, filtrando todo lo que nos cuentan en esos escasos minutos que tienen con nosotros y atendiendo sólo a lo que nos interesa. Es algo así lo que puede conseguir que lleguemos a lo que me ha pasado esta mañana:

Paciente de mediana edad diagnosticado de una lipomatosis múltiple a quien llevan años quitando lipomas benignos. En Octubre del 2011 al estudiar uno de ellos descubren que es maligno, un liposarcoma, le operan en Febrero y en Mayo llega a mi consulta para tratamiento con radioterapia postoperatoria por un borde positivo. Tiene pendiente la cirugía de un lipoma gigante localizado en el hombro que le dificulta el movimiento del brazo. Como le incomoda, la radioterapia ha de hacérsela con ese brazo colocado encima de la cabeza y una vez empezada no podría operarse, decidimos esperar a comenzarla nada más se recupere de la operación (que suponemos pronto). En Julio vuelve a mi consulta, y al preguntarle porqué no lo hizo antes me responde que le operaron a mediados de Junio (casi un mes más tarde de lo que pensábamos) y la cicatriz le ha dado problemas hasta entonces.

Ahora llega la sorpresa (o no tan sorpresa si pensamos en los tiempos que han pasado...): justo debajo de la cicatriz tiene un "bulto" de nueva aparición que si bien puede tratarse de un lipoma benigno, su localización nos hace pensar en lo peor. Ahora hay que identificar esa lesión antes de tratarle por lo que todo se retrasa un poco más. ¿Qué os parece?

Os aseguro que no estoy contenta sino preocupada, cruzando los dedos porque sea algo benigno pero intentando no ser demasiado optimista... Me he puesto en contacto con su oncólogo médico que le verá para pedir todas las pruebas que sean necesarias y le he dado una nota para su cirujano por si pudiera valorarle y biopsiarle la lesión si lo considera adecuado. Además, el paciente me llamará en cuanto sepa algo por no retrasar mucho la radioterapia.

El paciente, como os imaginaréis, está muy preocupado por los tiempos, comenta que no le han prestado mucha atención a la nueva lesión localizada debajo de la cicatriz y le preocupa que todo se retrase tanto que ya no haya nada que hacer. Le he explicado que la radioterapia podría dársela en cuanto la pusieran nombre y apellidos y podría ser de forma preoperatoria si la cirugía no se la hicieran hasta después del verano (vacaciones, menos quirófanos y el paciente no paraba de repetírmelo notablemente inquieto...)

Seguro que os preguntías qué ha pasado, cómo hemos llegado a ésto... y la respuesta es tan triste como que a veces, hasta en cosas tan serias como un cáncer, las cosas no van tan deprisa como deberían y a los propios médicos se nos escapan detalles importantes, muy importantes, por centrarnos en algo como puede ser la cicatriz de la operación más reciente sin mirar la anterior.

En este caso el MAP no tiene nada que ver, ha sido de esas veces en las que se le pierde el seguimiento por estar con los especialistas y porque el propio paciente acude a nosotros y no a él. Lógico, somos los que estamos tratándole sus problemas actuales, ¡lo tenemos que hacer bien!

Después de una entrada tan larga pero que no he sido capaz de abreviar (perdonadme), ¿qué conclusiones saco? Se pueden sacar varias, pero destacaría la importancia del MAP en el seguimiento de nuestro paciente siempre, sin olvidar que es un todo y no una parte (como llegamos a pensar a veces) y el tiempo, ese gran enemigo en nuestra consulta.

Sobre él y la importancia de los médicos de familia qué mejor que el tráiler del documental Seis Minutos:


Por supuesto que os contaré la evolución de mi paciente, que espero que acabe siendo buena ya que, por mucho que lo intente nunca pierdo el optimismo con ellos, mis pacientes.

miércoles, 20 de junio de 2012

¿Medio lleno o medio vacío?


 Técnicamente, esto es optimismo

Hoy escribo aquí porque esta tarde me he estado haciendo una pregunta que quiero compartir con vosotros: 

¿Por qué será que muchas veces nos emperramos en ver lo que no tenemos olvidando lo que tenemos y todo lo bueno que eso nos supone? 

Y si la hago es porque yo misma últimamente no paro de centrarme en lo que quiero y no puedo tener, en lo que me gustaría que fuera y no es... dejo de lado todo lo bueno, que admito no es poco, y me vengo abajo mientras el tiempo pasa. Entonces lo pienso y me siento egoísta por no centrarme en lo que debería, lo positivo, si no siempre, sí casi siempre.

Por poneros un ejemplo hoy ha sido un día que he empezado cansada, extraña y en él, aunque he tenido de todo, me quedo con que una paciente que estaba en parada del tratamiento lo ha reiniciado cargada de energía y optimismo y, por si ésto fuera poco, Paloma me ha dado una gran alegría:


Además, igual que ayer al final pude asistir un rato a las jornadas de #Vinalopo20 y compartir una cena estupenda con amigos que hacía tiempo no veía, hoy han parece que la asistencia a #Videosysalud no es imposible, no es fácil, pero... ¡quizás!

Hace tiempo que dos buenos amigos me dijeron que tenía que sacar lo positivo de cada día siempre, que por malo/torcido que hubiera sido todo es pensarlo y darnos cuenta de que es cierto, siempre lo hay. El porqué no lo conseguimos está en nosotros. 

Para terminar, qué mejor canción que la de Macaco: Tengo.


"y es que el vaso medio lleno medio vacío mi niña solo depende de ti y de mi.

y no se es más rico el que más lleva sino el que algo tiene y lo conserva 
sin enfriarlo sin olvidarlo en un cajón
y no hay mayor tesoro que el que guardas en tu corazón 
no en el bolsillo triste de un pantalón."

domingo, 5 de febrero de 2012

Parte del mar


 

Hoy quiero compartir con vosotros un cuento que ha llegado a mí gracias al libro "Martes con mi viejo profesor" de Mitch Albom. Se trata de un pequeño cuento que el profesor (Morrie) cuenta a su alumno  (Mitch) cuando se aproxima su final:

- El otro día oí un cuentecillo bonito- dice Morrie. Cierra los ojos durante un momento y yo espero.
"Bueno. El cuento es de una olita que va saltando por el mar y lo pasa muy bien. Disfruta del viento y del aire libre, hasta que ve que las demás olas que tiene delante rompen contra la costa.
"Dios mío, esto es terrible - dice la ola-. ¡Mira lo que me va a pasar!"
Entonces llega otra ola. Ve a la primera ola, que parece afligida, y le dice: "¿Por qué estás tan triste?"
La primera ola dice: "¿Es que no lo entiendes? ¡Todas vamos a rompernos! ¡Todas las olas vamos a deshacernos! ¿No es terrible?"
La segunda ola dice: "No, eres tú la que no lo entiende. Tú no eres una ola; formas parte del mar"
Sonrío. Morrie vuelve a cerrar los ojos.
- Parte del mar - dice-, parte del mar.
Lo veo respirar, inspirar y espirar, inspirar y espirar. 

Cuando lo leí no pude evitar acordarme de Rut, de su blog y de sus cuentos con moraleja que tanto me gustan. Seguro que si ella lo lee sabrá sacar mucho más de él que yo, que más que deciros nada sólo os pido que si lo hacéis, cerréis los ojos y penséis en todo lo que dice.

"A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota."
Madre Teresa de Calcuta




domingo, 22 de enero de 2012

Bajo una nube


Hay días que necesitas decir algo pero no te salen las palabras. Te sientes bajo una nube que te bloquea y hace que veas todo en un tono gris y apagado. No consigues centrarte. Empiezas a escribir y lo dejas, empiezas a estudiar y lo dejas, empiezas a leer y lo dejas... Tienes varias las ideas en mente pero cada día que pasa estás más convencida de que a este paso no saldrán nunca, nunca conseguirás darles la forma que te gustaría que tuvieran. 

Quieres seguir tu premisa, esa de vivir la vida sonriendo, pero piensas "¿para qué sonreír si no tienes a nadie a quien dedicarle esa sonrisa?" Es por eso mismo que cuando trabajas y estás acompañada desconectas, dejas de dar vueltas a tu interior, te dedicas a los demás (a tus compañeros, a tus pacientes...) y el tiempo pasa más deprisa. Descubres que la parte de ti que más te gusta, capaz de sonreír y alegrarse, sigue viva, está ahí dentro, sólo que anda escondida una gran parte del día. 

Todo el tiempo es valioso y lo sabes mejor que nadie por la especialidad que has elegido, pero parece que sólo si tienes alguien con quien compartirlo merece la pena, que tu tiempo sola no vale lo mismo. 

Por todos esos sentimientos que tienes dentro y te acompañan siempre, hasta cuando desconectas y eres capaz de ser realmente feliz, cuando llega la vuelta a casa y te encuentras sola empiezas una pequeña batalla diaria. 

Hay días que te dedicas a leer, a escribir, a hacer las tareas de casa, a estudiar... y parece que no te da por analizar qué es de tu vida en este momento. Otros estás tan cansada que sólo piensas en acostarte y te dices eso de "mañana será otro día, por hoy ha sido suficiente". Pero otros muchos llegas, cansada para hacer algo realmente "útil" pero no lo suficiente como para irte a la cama y te da por pensar. 

Das muchísimas vueltas a las cosas, lo sabes bien, pero no por eso dejas de hacerlo, no puedes, eres así y lo peor de todo es que tienes claro que no puedes seguir así. No, porque hay gente que se preocupa por ti, gente que está lejos y se siente impotente cuando te nota triste y no puede hacer más que llamarte por teléfono, escribirte... Amigos, familia, con quienes llegas a portarte mal por no querer coger el teléfono o contestar a un mensaje por miedo a que te oigan llorar o te noten peor de lo que se imaginan. No sabes si haces bien comportándote así con ellos pero piensas que es lo mejor. 

Estás en una etapa de tu vida donde las horas, los días malos, son más que los buenos. No sabes cuánto durará y eso te preocupa. Algo te dice que no se puede seguir así eternamente y que acabarás dándole la vuelta a la tortilla, pero ¿cuándo?. No lo sabes. 

Tienes una de esas rachas malas en las que te encantaría desaparecer, dormir, dormir, dormir y soñar. Soñar con lo que te gustaría tener, los sitios donde te gustaría ir, la gente con quien te gustaría estar siempre... Pero no puedes dormir eternamente, el cuento de la Bella Durmiente es sólo eso, un cuento, que lejos está de tu realidad (empezando por algo tan simple como lo de bella). Entonces, como no puedes dormir todas las horas que pasas en casa (lo has intentado pero sólo has conseguido un dolor de cabeza considerable), gracias a una de tus mejores amigas que te conoce bien y sabe qué te ayuda, qué puede gustarte y qué puede servirte en tu día a día, te encuentras leyendo el siguiente libro: 


Un libro que se puede leer de un tirón, en una tarde, pero yo estoy leyendo poco a poco, asimilando cada uno de sus capítulos. Como dice en su sinopsis: 

"Martes con mi viejo profesor nació de los encuentros de cada martes entre el periodista Mitch Albom y su antiguo profesor de universidad, Morrie Schwartz. Se trata de un libro sencillo e intenso a la vez, que nos lleva a reflexionar gracias a las profundas verdades que encierra. Además constituye un extraordinario testamento espiritual y una formidable lección de vida para todos"

Morrie Schwartz y Mitch Albom

Con él Morrie Schwartz nos abre los ojos con lo que para mí son realidades como éstas:

"Todo el mundo sabe que se va a morir, pero nadie se lo cree. Si nos lo creyéramos haríamos las cosas de otra manera" 
"Cuando aprendes a morir, aprendes a vivir"

Desde hace unos años consideras que no temes a la muerte y estarías preparada si llegara el momento, pero es cuando lees cosas como ésas cuando te preguntas si de verdad es así. ¿Será que no te lo crees y por eso te comportas así? Creo que la respuesta está clara. 

Entonces, cuando todavía, teóricamente (nunca se sabe qué puede pasar), estás a tiempo de hacer las cosas mejor, dejar de lamentarte y poner remedio a todo eso, ¿por qué no lo haces? ¿por qué no pones el remedio de una vez?. La respuesta la desconoces, o puede que no sea así, que simplemente sea porque no sabes hacerlo mejor. Pero si algo sabes es qué Teresa te gusta más y ésa, a día de hoy, es la que está en el hospital o con sus amigos, su familia... 

Ahora, como persona que tiende a pasar muchos ratos sola (a veces porque no le queda otra pero otras veces porque así lo elige) sólo te queda conseguir que la parte que te gusta ser no desaparezca casi siempre que te quedas sola. 

Mientras tanto, mientras continuo con esa batalla diaria que gano de vez en cuando, gracias a quienes me seguís queriendo y aguantando a pesar de ser como soy.




jueves, 5 de enero de 2012

De todos aprendo


Llevo unos días pensando en escribir la primera entrada del año y, por liarme con temas que me cuesta mucho abordar, no lo he hecho todavía. 

Ayer mismo lo intenté y terminé diciendo lo que supongo me acabará pasando, y es que al final lo actualizaré tan poco que puede que acabe siendo algo que fue una bonita experiencia.

Hoy, por cambiar e intentar que Carpe Diem no acabe en el olvido, mi olvido, os escribo desde el tren, con el móvil. No quedará una entrada bonita, justificada... Pero menos da una piedra.

Esta vez quiero compartir con vosotros una reflexión tan simple como que somos lo que somos gracias a aquéllos que se cruzan en nuestras vidas cada día. Tanto los que aportan algo positivo y nos dan cualidades que queremos tener,  como quienes nos dan lo "negativo" o, por decirlo de alguna manera, lo que no queremos ser.

Esta tarde, cuando venía en el coche de camino a Alicante, me he puesto por pensar en quién soy yo como médico a día de hoy y me he dado cuenta de que tengo un poco de cada uno de los adjuntos que me guiaron durante la residencia. De cada uno he cogido lo que más me aportó en su día y ahora me veo como una mezcla de todos ellos. Una mezcla que puede que no sea la mejor, de hecho siguen faltando ingredientes que irán llegando poco a poco, pero gracias a la cual soy quien soy.

Es evidente que también me han influido las personas que quiero, que me aguantan y me enseñan cada día y mis propios pacientes, esos de los que no paro de aprender (como os he dicho más de una vez).

Ya que es la primera entrada del año y es tiempo de ponerse algún que otro propósito, hoy me pondré tan sólo uno y es que espero poder aportar algo a quienes se crucen en mi camino. Siempre que pueda enseñar lo más mínimo, por simple que sea, si está en mi mano lo intentaré y, cómo no, seguiré totalmente receptiva a todos quienes con su día a día vayan poniendo su granito de arena en mi persona.




"Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás". 
Voltaire

PD: Como podéis ver, llegué a casa y pude "rematar" la entrada :)


domingo, 5 de diciembre de 2010

Reflexiones tras un día complicado


Hace tiempo que no escribo por aquí y desde que no lo hago han cambiado varias cosas en mi vida, entre otras me he mudado a Barcelona durante los próximos dos meses para hacer mi rotación externa. Ayer cumplí mi primera semana por aquí y la verdad es que, por culpa de los controladores aéreos, no ha fue el mejor de los días, eso sí, por suerte acabó mucho mejor de lo que empezó.

No quiero meterme a hablar de lo que han hecho los controladores porque estoy muy enfadada y podría decir algo de lo que luego me arrepienta. Pero no puedo evitar comentaros que por mi cabeza han pasado muchísimas cosas, entre otras qué pasaría si en sanidad hiciéramos lo mismo... Ufff! No lo haremos nunca porque con la salud no se juega y tenemos algo llamado ética que nos lo impide. Pero eso sí, en estas ocasiones, en caliente, una no puede evitar pensar egoístamente en muchas barbaridades: ¡¿Y si nos negáramos a trabajar, a ir al hospital, a cubrir los mínimos?!. No vamos a decir eso de: "lo sentimos por los ciudadanos (pacientes)" pero... ufff!.

Encima, y ésto no tiene nada que ver con lo de los controladores, ayer me enteré de lo que ganaba un residente de Oncología Radioterápica en sitios como Francia o Portugal y lo de Portugal me dejó alucinada. Había oído que ganaban más que nosotros pero nunca me hubiera imaginado que la diferencia fuera tan sumamente grande. Ellos en una guardia ganan casi lo mismo que yo de sueldo base!!! Y si hacen 3-4 al mes... ufff! De verdad, lo suyo me parece exagerado, pero es que lo nuestro me parece vergonzoso... El viernes empecé la tarde cabreada y los controladores ayer me remataron.

Siempre me digo lo mismo, yo no he hecho medicina por ganar dinero sino por ayudar, por curar o al menos mejorar a los pacientes pero... no sé... hay veces que siento que somos muy tontos (por no utilizar peores calificativos que me pasan por la cabeza). Ahora que soy R4 y en apenas 5 meses acabo mi formación de residente y me toca ponerme a buscar trabajo me planteo muchas cosas. En un principio no me importa irme de Madrid, de hecho la costa mediterránea me tiene enamorada y si necesitara el catalán o el valenciano no me importaría aprenderlos con tal de irme a una ciudad como Barcelona o Valencia (que, por cierto , están muy bien comunicadas con Madrid con el AVE; después de lo de hoy el AVE me gusta aún más que antes y ya es decir! xD). Pero claro, visto lo visto, cuando una no tiene ninguna atadura, ¡¿por qué no salir de España?!. Lo de Portugal es una opción interesante, sigue estando cerca y cambio el Mar Mediterráneo por el Océano Atlántico. En fin, no sé, me gusta España, nunca he pretendido irme de aquí, quiero quedarme, pero... Ahora mismo pasan muchas cosas por mi cabeza y de hecho una de ellas es que me extraña que, hablando de sanidad, no sean más los médicos, las enfermeras... que se van a trabajar fuera de España. Supongo que las ataduras y las comodidades de estar en tu país, la familia, los amigos, la pareja, los hijos... hacen que los que se vayan sean los menos pero me planteo qué pasaría si empezáramos a irnos más. Total, es cierto que a veces uno tiene la sensación de que no se le valora como se debe... Sé que es un tema complicado y entiendo que no es fácil cambiar las cosas, de hecho, como me decía ayer mi madre, no puedo quejarme cuando al menos tengo un trabajo y un sueldo, ¡muchos no tienen ni eso!.

No me he hecho médico para vivir montada en el dólar ni mucho menos. Los médicos tenemos la suerte de tener lo que para mí es la mayor compensación, que es ver la felicidad de un paciente que se ha curado , entre otras cosas, gracias a nuestra colaboración. Incluso cuando no se curan pero sí mejoran (como sabéis, en mi especialidad, son muchas las veces sólo puedo controlar el dolor o mejorar un poco su calidad de vida), se sienten muchas cosas que no se consiguen con todo el dinero del mundo. Pero, aún así, mentiría si no reconociera que me gustaría que se nos valorase un poquito más... Normalmente no me da por pensar en las remuneraciones económicas, pero cosas como las de los controladores o el hecho de enterarme de primera mano que compañeros míos fuera de España ganan muchísimo más que nosotros... duele un poco... :(

Dicho ésto creo que he conseguido desahogarme y estoy preprarada para seguir disfrutando de todas las cosas buenas que tiene una profesión tan bonita como la mía. A lo mejor en vez de España o Portugal lo que me venía bien era irme a Madagascar, La India... para volver a valorar la vida como debe ser y apreciar la suerte que tengo por haber nacido con cosas tan básicas como puede ser el agua caliente cayendo de la ducha...

A veces, en días como el de ayer, se me olvida que la vida está llena de pequeños detalles que la hacen algo irrepetible y único que hay que intentar aprovechar. En fin... puede que necesite "reciclarme" de nuevo.

Para terminar esta cita de Teresa de Calcuta:

"Pasamos mucho tiempo ganándonos la vida, pero no el suficiente tiempo viviéndola"

Habrá que intentar vivirla más, ¿no creéis?

jueves, 20 de mayo de 2010

Una reflexión

Esta mañana ha pasado algo que me ha hecho pensar y plantearme varias cosas.

Como os dije en mi anterior entrada, estoy rotando en Radiofísica durante 2 semanas y ahora he dejado mi labor como médico por un tiempo para ser "radiofísica" y ver las cosas desde su punto de vista.

El caso es que hoy, estaban calibrando uno de los aceleradores de tratamiento cuando, una de las pacientes que estaba esperando para tratarse en otro de los aceleradores ha empezado a ponerse mala. Estaba quejumbrosa, adormilada... Enseguida ha llegado la adjunta que la lleva y han empezado a tomarla las constantes. Se encontraba hipotensa, taquicárdica, desaturada... en fin... muy pero que muy malita. Yo, que estaba en la sala de al lado, con los físicos y la calibración de la máquina, sólo oía a mi adjunta hablándola y a la familia llorando... No veía a la paciente, en ese momento de hecho ni siquiera sabía lo que pasaba, pero veía a sus familiares ir y venir, a mi adjunta pidiendo ayuda al sanitario para pasarla a la sala de al lado...

Quizás os parecerá raro, pero según iba pasando el tiempo yo me encontraba peor, más angustiada, mareada... Me veía impotente (de hecho sabía que no debía ir porque mi adjunta tenía ayuda de sobra y lo que menos necesitaba en ese momento era alguien más estorbando... ). Cuando ya no he aguantado más, he salido a que me diera el aire e informarme de lo que había pasado. Es entonces cuando me he enterado de que se trataba de una paciente muy joven (poco más de 40 años) con un cáncer de pulmón diseminado que estaba muy malita, tanto que no sabían si conseguirían pasarla a una habitación para que la familia pudiera estar con ella. El día anterior le habían visto en consulta para valorar la posibilidad de tratamiento radioterápico de una carcinomatosis leptomeníngea y, aunque mi adjunta le informó de lo malo del pronóstico a pesar de que se tratara y de que incluso cabía la posibilidad de que fuera a peor con el mismo, tanto ella como su familia querían agotar hasta el último cartucho y luchar hasta el final, por lo que hoy, en teoría, iniciaba el mismo.

Se trataba de esos pacientes con un gran apoyo familiar que, aunque precisan de una bomba de morfina y una serie de cuidados, se encuentran en seguimiento por el ESAD de área y viven en su casa. De ahí que viniera al tratamiento acompañada de toda su familia (cuando digo toda, es literalemente toda) y que cuando se ha puesto malita todos estuvieran agitados, sin saber qué hacer ni cómo reaccionar. Sabían que estaba malita, que el pronóstico era pésimo pero de ahí a estar preparados para el final hay un gran paso... Tan grande que dudo que nadie llegue a asumirlo por completo por mucho que se lo digan o lo sepa.

Cuando hablaba con uno de mis compañeros me decía: "Tere, no sé cómo no la han sedado ya. Está muy malita y para pasar un mal rato cuanto antes la seden mejor". Yo, que sabía que estaban intentando trasladarla a una habitación de las que tenemos en curiterapia para allí, una vez con su familia, ponerla todo lo que fuera necesario, no compartía su opinión. Para mí, mi adjunta estaba actuando muy bien no poniéndola ningún tipo de sedación mientras se encontrara en esa sala tan pequeña, sentada en uno de esos sillones hospitalarios que, aunque se recuestan son de lo más incómodos . Ya que esa sedación podía suponer su final y el llevarla a una habitación no ha supuesto más de 10 minutos.

Ella estaba adormilada, hipotensa, desaturada... sí, pero no se estaba enterando de nada, era la familia la que estaba sufriendo más al verla así y lo sé, pero también sé lo que se agradece poder estar en una habitación con tu padre, tu madre, tu tí@, tu herman@, tu abuel@, tu hij@... llegado el momento del último adiós. Y eso es lo que le decía a mi compañero, que si me pasara a mí, daría lo que fuera por poder estar al lado de él/ella, en una habitación acompañada de mi gente, de mi familia, agarrándole la mano en el momento del final.

Creo que eso es algo que no se paga con dinero y supone tanto (en mi experiencia personal tuve que decirle el adiós en una UVI, con 10 pacientes más, pero donde tuvieron el detalle de dejarnos pasar a mis hermanos, a mi madre y a mí, ponernos unos biombos y dejarnos estar todo el tiempo al lado de mi padre. De hecho no le quitaron la bomba de NA ni le subieron la sedación hasta que no llegó el segundo de mis hermanos y eso es algo que siempre agradeceré. Hubiera preferido estar en una habitación, sí, pero el hecho de haber podido darle la mano y llenarle de besos en su último suspiro es algo que no se paga con dinero y me siento muy afortunada por haber podido hacerlo).

El caso es que también entiendo la postura de mi compañero, veía sufrir a su familia y pensaba que eso era un sufrimiento innecesario. ¿Pero realmente era un sufrimiento para la familia esa espera a cambio de poder estar con ella, en una habitación, dándola la mano en su último adiós? Yo creo que no, ¿qué pensáis vosotros?

Como anécdota deciros que la historia tiene un final relativamente feliz. Y es que sí que está muy malita, y de hecho finalmente no van a tratarla con RT, pero al final resultó que estaba intoxicada con la morfina y con los sueros y un poco de naloxona se ha recuperado lo suficiente como para poder mandarla a su hospital de referencia y con un poco de suerte de ahí vuelve a su casa para morir allí rodeada de los suyos. No sé vosotros, pero yo firmaría por, llegado el momento, poder estar en mi casa, rodeada de mi gente.